En la lengua guane, guatí significa “el canto de la loma”. Por eso el hotel se llama Casa Guatí, fue una referencia directa para su diseño. “Queríamos que reflejara esa sensibilidad: los cantos de los pájaros, el viento, el silencio del paisaje”, cuenta el arquitecto. La intención era clara: que el lugar evocara paz, desconexión, una pausa necesaria.
El arquitecto Alejandro Villamil Meléndez, de Baral Studio, fundador de la firma que lideró el proyecto que, desde el inicio, tuvo como hilo conductor el recorrido. “El terreno tiene una pendiente pronunciada, así que el diseño propone descubrir el hotel a medida que se desciende desde el acceso superior hasta llegar al corazón del proyecto: la zona social y la piscina infinita”, explica. Y de esta forma, el recorrido es una transición hacia el descanso.
Lo anterior se aprecia en cada detalle de su arquitectura. Las nueve habitaciones del hotel, el restaurante, el bar, el spa y la piscina están organizados de forma orgánica, siguiendo un eje descendente que facilita la operación sin romper la experiencia del huésped. Cada espacio está orientado hacia la vista: la catedral del pueblo y la majestuosa serranía de los Yariguíes.
Desde la llegada, además, el visitante se sumerge en una atmosfera distinta. Por ejemplo, las texturas de la tapia pisada, los muros de piedra a la vista, el piso en barro cocido y la madera expuesta hacen parte del concepto de la obra, un esfuerzo por mantener los materiales del lugar y en diálogo con la historia de la región. “Cada elemento conversa con la tradición arquitectónica de Barichara”, afirma Villamil.
El proyecto, sin embargo, no estuvo exento de retos. “Empezó durante la pandemia. Tuvimos que parar tres meses y en algún punto consideramos cancelarlo por la incertidumbre. Pero decidimos continuar, con miedo y todo, con la certeza de que estábamos construyendo algo con propósito”, recuerda Villamil.
Detalles del diseño del hotel Casa Guatí
Uno de los sellos más importantes del proyecto es la impronta personal de su dueña, Sonia Meléndez, quien no solo acompañó todo el proceso, sino que participó activamente en los detalles: diseñó lámparas tejidas a mano, bordó los tapices de las habitaciones y cuidó cada rincón con afecto. “Es un proyecto lleno de cariño en cada rincón”, asegura el arquitecto.
Como datos curiosos que componen el diseño de este hotel, en la suite principal, una ducha al aire libre permite bañarse bajo el sol. En el área común, un horno de barro artesanal —hecho por el artista Gabriel Rey— se usa para preparar pizzas que evocan los encuentros cálidos. Nada está puesto al azar.
Casa Guatí no es un hotel convencional. Es un lugar pensado para permanecer. Un refugio donde el tiempo se diluye entre la calma, el paisaje y la materia. Como dice Villamil: “Es un lugar donde se desacelera el tiempo, se contempla, se respira distinto. Un lugar para estar”.
Hay un instante en el que el cielo se tiñe de oro, púrpura y coral. Un momento efímero que marca el fin de un ciclo y el inicio de otro. A ese umbral de luz, a esa frontera entre la energía del día y la quietud de la noche, le rinde homenaje la nueva colección de Zorro & Jaguar: El Ocaso.
Esta serie de piezas hechas a mano con vidrio 100% reciclado son una invitación a la pausa consciente y a la celebración de lo cotidiano. Cada objeto se revela como un homenaje a lo irrepetible con la filosofía de que, como cada atardecer, nunca habrá dos iguales. De esta forma el material empleado se convierte en un lienzo para la luz.
Sobre el diseño de las piezas
Además, los diseños exploran la idea del fluir constante en el tiempo. Gracias a la materialidad seleccionada las transparencias degradadas recuerdan cómo la luz cambia de intensidad, cómo el cielo se transforma en una pintura en movimiento. Asimismo “cada pieza tiene ligeras variaciones en tamaño y color”, explican desde la firma.
Los colores —ambarinos, ocres— reflejan la danza de la luz al final del día. La textura de cada vidrio permite que la luz los atraviese de forma suave, generando un juego visual que cambia según el ángulo y la hora. Esta cualidad convierte cada uso de estas piezas en una experiencia sensorial: ver, tocar y beber se integran en una sola acción ritual.
Zorro & Jaguar ha convertido el diseño artesanal en una forma de conexión emocional. En El Ocaso, la marca reafirma su compromiso con la sostenibilidad al reutilizar botellas de vidrio y transformarlas en piezas con propósito.
Esta colección además de decorar también acompaña. El Ocaso es luz atrapada en vidrio. Es un recordatorio de que todos los días, sin excepción, el sol se despide con una puesta en escena distinta. Y que vale la pena mirar.
En una casa antigua del centro de Bucaramanga, Santander, con más de seis décadas de historia, nació Nola Café & Cocina, un espacio de 270 metros cuadrados. Liderado por el arquitecto Alejandro Villamil Meléndez, el proyecto es la manifestación tangible de un sueño compartido con su esposa, chef y socia del lugar, que se gestó entre calles italianas, pero cobró sentido en Colombia.
“Queríamos traer una nueva sensibilidad espacial a Bucaramanga (Santander): una arquitectura silenciosa, honesta, donde el espacio habla por sí solo”, explica Villamil, fundador de Baral Studio. La visión desde el inicio fue evitar ornamentos, rechazar lo accesorio y permitir que la luz, el vacío y la textura se convirtieran en los verdaderos protagonistas.
Sobre la propuesta del café
Esta obra además de proyectarse como un negocio gastronómico que también se destaca por su valor arquitectónico. Desde el principio, Baral Studio diseñó simultáneamente la marca y el espacio, construyendo una narrativa coherente entre identidad gráfica, experiencia culinaria y atmósfera.
“El eslogan ‘ideas sencillas bien hechas’ se convirtió en un principio rector”, afirma Villamil. Esa idea tomó forma en una paleta cromática cálida, con tonos tierra, beige, terracota y rojizos, que definieron materiales, mobiliario y sensaciones.
Cada rincón del café fue pensado para provocar emociones precisas: “Queríamos que, al ingresar a Nola Café, las personas sintieran una mezcla de calma, asombro e interés”, asegura el arquitecto. El espacio tiene la cualidad de suspender el tiempo: invita a mirar, respirar, permanecer, ya sea en uno de sus dos salones versátiles o en la tribuna diseñada para jóvenes lectores.
Materialidad empleada en el diseño
En cuanto a los materiales, Nola es una composición refinada y sincera. El microcemento cubre pisos y muros, generando continuidad y una estética brutalista matizada por el uso estratégico del metal y la nobleza de la madera. Además, el diálogo entre lo nuevo y lo preexistente se potencia en el patio, donde el ladrillo a la vista de la estructura original fue rescatado como gesto arqueológico y emocional.
“Nos interesaba que cada material hablara por sí mismo”, comenta Villamil. La honestidad constructiva se hace evidente no solo en la forma, sino también en los detalles menos visibles. Como las decoraciones hechas a mano por su esposa, elaboradas con barro de Barichara —pueblo en el que vivieron mientras desarrollaban otro proyecto, Casa Guatí —. “Son piezas pequeñas, pero muy significativas”.
Diseño operativo y emocional
Además de la estética, el diseño resuelve con precisión las exigencias operativas del lugar. Por ejemplo, un elemento funcional es la barra, ubicada en el centro como articulador de flujos. A los lados, la cocina, la bodega y los baños se distribuyen de forma eficiente. Esta lógica permite que el espacio se adapte a distintos usos y situaciones.
Como explica el arquitecto, “Nola es un proyecto profundamente emocional para nosotros. Cada decisión de diseño fue personal, pensada con mucho cuidado”. No sorprende, entonces, que también haya reservado una zona para su oficina de arquitectura dentro del mismo lugar. “Hace que el espacio esté vivo a diario desde el diseño, la cocina y la gestión”.
Lo que distingue a Nola es su vocación para la permanencia. No se trata de un café de paso. Es un refugio urbano que abraza, que se siente como estar en la sala o en el estudio de la casa. Proponiendo así, un lugar para quedarse.
Esta casa de campo es una representación de estilo, sensibilidad y conexión con el entorno. En ella, Alelí Home Decor lideró un proceso de diseño interior completo que comenzó desde los planos y se extendió durante más de un año. Lo que surgió de ese proceso fue un hogar con alma campestre y cuerpo contemporáneo. En conjunto con el arquitecto Adolfo González y el paisajismo de Pistilo & Gracia, la firma logró dar vida a una casa donde cada etapa fue pensada como parte de un todo.
Desde los primeros encuentros con los propietarios —una familia con profundo amor por el campo, los caballos y la vida sencilla—, el equipo de Alelí Home Decor comprendió que el diseño debía responder no solo a necesidades funcionales sino también a las emocionales.
“En Alelí creemos que los espacios cuentan historias, y la de esta casa tenía que hablar del paisaje, de la tradición y de la vida tranquila, sin perder sofisticación ni propósito”, comentan desde el estudio.
El proyecto fue pensado desde su raíz. La asesoría comenzó con la selección de acabados arquitectónicos y continuó con la carpintería arquitectónica personalizada, que se expresa en bibliotecas empotradas, una cocina que funciona como corazón social de la casa, baños con carácter propio y clósets a la medida. Cada espacio fue diseñado no solo para verse bien, sino para sentirse bien.
El color como lenguaje emocional de la casa
Uno de los recursos más poderosos que define esta casa es el uso del color. En lugar de limitarse a una paleta neutra, la firma propuso tonos que aportan vitalidad y profundidad sin perder la elegancia. Así, cada ambiente dialoga con la luz natural del lugar, potenciando la calidez de los materiales. Por otro lado, la iluminación también cumple un rol fundamental, creando atmósferas acogedoras desde la entrada hasta los dormitorios.
La sala, por ejemplo, se convierte en un espacio de encuentro rodeado por ventanales que enmarcan el paisaje, mientras que las habitaciones aportan serenidad y los detalles del diseño evocan el entorno campestre. En todos los espacios, los muebles seleccionados y diseñados por Alelí Home Decor se integran de forma orgánica, aportando funcionalidad sin renunciar al estilo.
El propósito del diseño
Lo que distingue este proyecto es su propósito. La casa fue pensada como un refugio, como ese lugar donde se respira calma. Además, los detalles alusivos a la pasión de los propietarios por los caballos se integran con naturalidad, haciendo de esta casa un reflejo de quienes la habitan.
“El verdadero lujo está en habitar espacios que se sienten propios, en donde cada elemento tiene un porqué. Para nosotros, eso es diseñar con propósito”, explica la firma. Y ese principio se evidencia en cada rincón de este hogar: en el paisajismo que conecta el interior con el jardín, en la manera en que los materiales dialogan entre sí y en cómo cada espacio invita a vivir.
Esta obra campestre honra sus raíces, su entorno y, sobre todo, a las personas que la llaman hogar y hoy habitan un espacio en el que varias personas y estudios trabajaron en conjunto para lograr coherencia y calidez.
A propósito del regreso de Wes Anderson en las carteleras, con su nuevo título, The Phoenician Scheme, en esta selección, reunimos algunas piezas que por su diseño conforman una galería de objetos que se sienten como una escena de cine. Este artículo propone una mirada a piezas que, por su carácter, estética o humor visual, podrían formar parte del set de The Royal Tenenbaums o The French Dispatch.
Lámpara en papel de fibra de piña
Las lámparas de De La Rocha Design nacen del interés de la firma por explorar lugares de Colombia en donde las tradiciones artesanales se mantienen intactas. “Cuatro hojas de papel de fibra de piña componen la lámpara. Cada una de ellas lleva un tratamiento especial para que su forma permanezca intacta y tenga estabilidad –además de resistencia a la deformación y a la rotura–”. La firma ofrece dos tamaños para esta caperuza: 60 x 60 cm y 30 x 30 cm.
Crédito de la foto: cortesía De La Rocha Design.
Para su estructura se valen del bronce, torneado a mano, pulido y acabado con una laca transparente. Esto “para que el color amarillo vivo del material natural permanezca en el tiempo”. Si la persona lo desea, puede optar por metal con pintura en negro mate.
Crédito de la foto: cortesía De La Rocha Design.
Estas dos luminarias, que parecen suspendidas como una nube en los espacios gracias a su aspecto liviano, proporcionan una luz tenue y cálida que da a los ambientes “una sensación acogedora, íntima y tranquila”.
Furnichess, es el primer proyecto de Not A Chair, estudio bogotano fundado por la diseñadora de mobiliario Daniela Duarte Arango. Esta obra es es la materialización de su filosofía: un ajedrez en el que cada ficha es una silla, transformando la jerarquía del juego en una composición tridimensional con carácter estético.
Crédito de las foto: Simón Zapata, dirección de arte Gabriela Mejía, cortesía Not A Chair.
Duarte comenzó con prototipos en 3D, pero detectó que el proyecto necesitaba una materialidad distinta. Tras diversas pruebas, encontró en la resina el material ideal para otorgar solidez y detalle a las piezas, logrando una presencia escultórica con un acabado táctil definido
Crédito de las foto: Simón Zapata, dirección de arte Gabriela Mejía, cortesía Not A Chair.
El tablero está tejido en punto, un material poco convencional en el mundo del ajedrez pero que añade calidez y textura al conjunto. Más allá de su función lúdica, las piezas que componen Furnichess están diseñadas para espacios interiores, donde pueden habitar como objetos de conversación y contemplación. Dirigido a coleccionistas, diseñadores y amantes del arte, esta propuesta reta la percepción convencional del mobiliario y genera nuevas interacciones con su entorno.
Crédito de las foto: Simón Zapata, dirección de arte Gabriela Mejía, cortesía Not A Chair.
El objetivo del estudio La Bestial es contar una historia con cada diseño, conectarse con las personas y, ante todo, disfrutar de su pasión. “No tenemos un concepto, línea o estilo. Simplemente, queremos expresarnos por medio del material”, comenta Luis Bernal, fundador de la firma.
Crédito de la foto: Camilo Logreira, cortesía La Bestial.
Su proyecto más retador en términos técnicos fue la realización de una serie de luminarias para la oficina en Medellín de una reconocida cantante de reguetón, proyecto en el que contaron con la colaboración de la firma Laboratorio Inmobiliario.
Crédito de la foto: Camilo Logreira, cortesía La Bestial.
Estudiar a la artista fue el comienzo del proceso creativo para este proyecto. Luis explica que al imaginar cómo sería una buena fiesta con su música, visualizó un atardecer en las murallas de Cartagena. “Pensé en esos tonos azules que pasan a rosa y naranja en la tarde, y quise eso: un atardecer”, puntualiza.
Crédito de la foto: Camilo Logreira, cortesía La Bestial.
Ubicada a la sombra de los majestuosos volcanes de Virunga, en Musanze, provincia del norte de Ruanda, Springs, Estados Unidos, esta destilería y centro agroturístico alberga Virunga Mountain Spirits, una empresa liderada por mujeres con amplia experiencia en el empoderamiento económico de las mujeres ruandesas.
Las instalaciones de 1100 m² se ubican junto a una carretera muy transitada, frecuentada por agricultores que bajan corriendo en bicicleta cargados de productos y turistas que suben en caravana para ver a los mundialmente famosos gorilas de montaña.
Estas instalaciones buscan apoyar a los agricultores locales, a la vez que impulsan la vibrante economía turística.
Detalles del diseño de la destilería
El corazón del edificio, diseñado por la firma Be Design, es la sala de destilería, ubicada centralmente en un volumen transparente/semitransparente que proporciona abundante luz natural y alberga un alambique de vodka de cobre y acero inoxidable de 10 metros (30 pies) de altura, de hermosa ingeniería.
En contraste, gruesos muros de roca volcánica tallados a mano envuelven el espacio central de la destilería y albergan todas las demás funciones de apoyo para el personal y los visitantes, incluyendo oficinas, una sala de embotellado, almacén, cocina, bar, sala de catas, recepción y tienda de regalos.
Por otro lado, la geometría del edificio honra la fuerza y la importancia de los volcanes circundantes y refleja los patrones tradicionales ruandeses del arte lmigongo, que adornan las estructuras vecinas a lo largo de esta transitada carretera que conduce al Parque Nacional de los Volcanes.
Como detalle adición sobre este proyecto, la destilería se construyó con la gran mayoría de materiales de origen local. Gracias a la colaboración de la empresa con la construcción desde hace mucho tiempo, el proyecto empleó mano de obra local y mantuvo una representación femenina promedio del 35%, lo que proporcionó capacitación laboral cualificada en la obra, buenos ingresos, cuentas de ahorro y habilidades de construcción con potencial de desarrollo profesional, lo que generó un impacto positivo duradero en la zona.
En la restauración de esta casa en México, a cargo de la firma Veinte Diezz Arquitectos —liderada por el arquitecto mexicano José Luis Irizzont—, se conservaron los muros originales, fragmentos de su sistema constructivo antiguo —rollizos, vigas, texturas— y una esencia difícil de reproducir. No se trataba de rehacerla, sino de aprovechar su arquitectura.
La fachada, poco pretenciosa, oculta un interior fresco y sobrio que resulta completamente inesperado desde la calle. Desde allí comienza esta experiencia en la que se privilegia lo tradicional. Además, se trata de un lote angosto y largo, que logra un programa en forma de corredor hasta el fondo.
Los clientes, una pareja colombiana, querían una casa de descanso donde el diseño no borrara la historia. Uno de ellos, chef y apasionado por la arquitectura, tenía una petición clara: la cocina no podía ser solo una parte del recorrido, debía ser el centro emocional y físico del hogar. Ese fue el punto de partida.
El acceso da paso a un vestíbulo-sala a doble altura. Una banca sencilla recibe al visitante, como un gesto de bienvenida y descanso. Frente a ella, hay una cortina de fique que define la sala principal. Esta pieza es la muestra de que la decoración y la escogencia del mobiliario y los objetos de diseño que componen el interiorismo son la clave para terminar de lograr esta estética respetuosa y sobria. La luz en este lugar, entra con suavidad por dos tragaluces que filtran el tiempo en haces delicados.
Desde allí, el espacio se abre en dos rutas: una conduce al comedor —circular, íntimo, rodeado de libros, vinos y memorias—, y la otra al patio, donde comienza un canal de agua que recorre toda la casa.
La cocina de esta casa en México
En el centro se ubica la cocina, el corazón del proyecto. Sus muros permanecen expuestos, mostrando las capas del tiempo. Una mesa antigua actúa como superficie de trabajo bajo una losa de dovelas interrumpida en los extremos, una omisión intencionada para dejar pasar la luz como lo hacían, alguna vez, los rollizos de madera. Esta casa en México insiste en conservar la estética y los materiales tradicionales de esta parte del país.
El recorrido exterior, flanqueado por vegetación, lleva a una terraza cálida, que aprovecha el clima de la ciudad. Allí, una piscina abraza el antiguo tanque de agua elevado —el aljibe—, ahora convertido en jacuzzi. El agua del canal lo rodea, lo integra y lo transforma.
Al fondo se ubica la zona privada. En este espacio, la recámara principal se ubica en planta baja, separada del límite del terreno para permitir un jardín interno. La cabecera de la cama, en cedro macizo, funciona como closet y oculta el baño, que se abre al exterior con una regadera y una tina rodeadas de plantas. Además, este es un baño que no se esconde, sino que se expone como parte del ritual de habitar.
Por otro lado, la recámara secundaria, ubicada en planta alta, cuenta con un mezzanine que permite recibir visitas. Aquí, un volumen se pintó con un amarillo deslavado, casi como una sombra del color original de la casa. Nada pretende sobresalir; todo busca pertenecer.
Los materiales elegidos siguen esa misma lógica: emparchados naturales, piedra local, carpintería honesta. El resultado es un aspecto rústico que se ve intencional. No hay acabados perfectos, sino visibles, por eso se privilegia lo que envejece. Esta característica hace que el proyecto sea una conversación.
En esta casa en México, la arquitectura se interpreta bajo lo existente y en la que se entiende que, a veces, diseñar es simplemente saber leer el entorno.
Ubicada en Montreal, Canadá, La Flèche fue concebida como un legado familiar, construida para reunir generaciones en un mágico entorno donde el esquí alpino da paso a los deportes acuáticos con el cambio de estación. Envuelta en el bosque Laurentino, la casa se abre al este con una impresionante vista del vasto lago y el icónico Mont Tremblant.
La residencia se desarrolla en dos niveles, con una superficie total de más de 700 metros cuadrados. El área requirió la excavación de roca, gran parte de la cual se reutilizó posteriormente para paisajismo y muros de contención.
Fiel a su filosofía, MU Architecture diseñó una línea de tejado que sugiere una amplia residencia, a la vez que oculta por completo la vista de un jardín inferior. Este enfoque sobrio, característico de la firma y su clientela, prioriza la elegancia y la sobriedad sobre la ostentación.
Un concepto claramente definido
Evocando una flecha o un arpón, las líneas del tejado de La Flèche se elevan hacia el cielo, creando un ritmo dinámico. El distintivo gesto arquitectónico —tejados superpuestos que se extienden hacia arriba— recibe a los visitantes con dramatismo y estilo. Los aleros extremadamente finos y los detalles de ventilación perfectamente integrados le dan a la casa una apariencia de corte preciso.
Mientras tanto, los cálidos plafones de listones de madera bajo las líneas del techo de acero ofrecen una sensación acogedora y táctil. El cuerpo de la casa está revestido de madera y piedra seca, cuyos tonos suaves se integran a la perfección con el bosque y la tierra circundantes.
Sobre los espacios
Al final de un largo camino a través del bosque, la vivienda emerge como un remanso de paz, ideal para vacaciones familiares prolongadas. La experiencia comienza en la terraza cubierta de entrada, ingeniosamente oculta tras mosquiteras retráctiles, creando una extensión del espacio interior. Desde aquí, la vista se revela en todo su esplendor.
Un poco más adelante, en la intersección del garaje con la casa principal, se revela la entrada, marcada por una gran puerta de madera que parece flotar entre dos amplios paneles de vidrio. Desde este umbral, ya se percibe la calidez y el confort que aguardan en el interior.
El amplio recibidor, enmarcado por paredes de listones de madera y obras de arte, se abre inmediatamente a las salas de estar principales y al horizonte lejano. Las puertas de armario con paneles de madera ocultan discretamente un amplio recibidor conectado al garaje doble, un detalle bien pensado que simboliza el lenguaje de diseño continuo y uniforme de la residencia.
Tras una elegante mampara de listones de madera escalonados y en ángulo, una escalera acristalada desciende, ofreciendo vistas panorámicas hacia la sala de estar e invitando a descubrir los espacios de la planta baja.
La sala de estar principal, adornada con una monumental chimenea de piedra y envuelta en un cálido techo de madera, invita al descanso y la contemplación. De hecho, las vistas al lago Tremblant y a la montaña que lleva su nombre son espectaculares.
Creando calidez a través de la geometría
En el centro de la sala de estar, un mueble iluminado a medida —mitad aparador, mitad biombo escultural— divide la sala de estar del comedor, a la vez que envuelve este último en intimidad. Los materiales y elementos decorativos se inspiran en los tonos cálidos y orgánicos del bosque Laurentino.
Completamente revestido de madera, el techo sigue una compleja triangulación que modula el volumen interior: más bajo y acogedor sobre la sala de estar, elevándose gradualmente sobre la cocina para culminar en una imponente claraboya. El espacio de la cocina es amplio y luminoso, con una gran isla y una ventana corrediza sobre la encimera que permite ver a los comensales. Tras una pared panelada se esconde una cocina-despensa con todos los servicios, con un diseño y equipamiento propios.
Además, la cocina se extiende de forma natural hacia una terraza exterior equipada con barbacoa, kamado, comedor y salón con chimenea. Estos espacios al aire libre se alinean con el eje principal de circulación de la casa, conectando el extremo de la terraza con la suite principal, ubicada en el mismo nivel.
Detalles del diseño de la casa
Discretamente integrado en el camino que lleva a las habitaciones principales, un acceso oculto conduce a una suite de invitados completa con vistas privadas al bosque. La suite principal ofrece un amplio dormitorio con chimenea y vistas panorámicas al lago y al Mont Tremblant.
En el baño privado, abierto al dormitorio, una amplia ducha con textura de piedra evoca una gruta tallada. El espejo está colocado para reflejar la vista, que también es visible desde la bañera exenta. Un vestidor con puertas revestidas de tela que evocan los grandes hoteles y un balcón privado completan la suite.
Además, la escalera, anclada por su barandilla de cristal, actúa como una pieza central escultural, revelando gradualmente el volumen completo del espacio habitable a medida que se desciende al nivel del jardín. Debajo, tres dormitorios adicionales, incluyendo una habitación infantil con literas, se distribuyen alrededor de una espaciosa sala familiar.
Una sala de juegos adyacente, con bar y mesa de billar, contribuye al ambiente acogedor. Además de una sala de máquinas, una bodega, un trastero y un garaje para vehículos todoterreno, la planta baja también incluye una zona de bienestar con sauna y un gimnasio totalmente equipado con acceso al exterior.
En armonía con el espíritu del bosque
La terraza inferior, enclavada en la ladera de la montaña, cuenta con un jacuzzi y una fogata al aire libre. El paisajismo es sutil y refinado, combinando plantas autóctonas con delicados senderos que preservan la esencia silvestre del lugar. Una escalera desciende a una pequeña cabaña renovada a la orilla del agua, un entorno de ensueño para que los niños jueguen o disfruten de momentos de tranquilidad a solas.
La Flèche representa una forma de vida basada en el respeto por el lugar, el diseño refinado y la búsqueda de la tranquilidad. Celebra la íntima relación entre las personas y la naturaleza, entre la comodidad y el paisaje, entre la calidez del hogar y la claridad de las líneas arquitectónicas. En este proyecto, MU Architecture captura una singular resonancia emocional: una belleza sencilla pero poderosa, profundamente arraigada, que siempre mira hacia el horizonte.
Esta residencia fue concebida como un lugar para detenerse y absorber la serenidad de su entorno. La Flèche es, en definitiva, una oda a la hospitalidad, la generosidad, la comodidad y la elegancia atemporal de la naturaleza y sus elementos.
Al norte de Pekín, China, este edificio de apariencia monolítica se transforma al caer la noche. La contundencia del hormigón y la precisión estructural del acero se diluyen sutilmente en una atmósfera de calma, gracias al meticuloso trabajo de iluminación desarrollado por Puri Lighting Design. Aquí, la luz no solo revela formas, sino que construye sensaciones.
La propuesta parte de una dicotomía: una estructura robusta, casi industrial, envuelta por una retícula metálica que necesitaba respirar visualmente. Para ello, el equipo de diseño optó por una estrategia de iluminación ascendente, instalando luminarias cuidadosamente seleccionadas con distintos ángulos de proyección —10° y 30°— y potencias de 36 W y 48 W respectivamente. Esta combinación permitió explorar texturas y profundidades, acentuando la verticalidad de la envolvente sin perder la ligereza deseada.
Detalles del diseño del edificio
En contraste con el interior, donde la luz es suave y envolvente, la piel exterior del edificio se anima con una presencia más marcada, generando una jerarquía visual que juega con la percepción del volumen.
Cada haz de luz se integra de forma casi invisible dentro de la estructura de acero, haciendo que la fuente desaparezca y solo quede el efecto: una elevación óptica, un movimiento sutil en la inmovilidad del concreto.
El uso de una luz blanca pura, con una temperatura de color de 4000 K, fue clave para transmitir una atmósfera de pureza, serenidad y contemplación. En un contexto dominado por la velocidad y el ruido visual, esta elección cromática invita al recogimiento. El edificio, antes una presencia densa, se convierte en un remanso de luz, destacándose no por imponerse al paisaje, sino por fundirse con él a través de una estética etérea.
Este proyecto demuestra cómo el diseño lumínico puede ser una herramienta narrativa. Al trabajar con la estructura, la sombra y la dirección, la iluminación transforma lo estático en fluido, lo pesado en liviano, y lo funcional en poético.
Así, en una ciudad como Pekín —donde la arquitectura se enfrenta constantemente al desafío de destacarse sin desentonar— esta intervención se posiciona como un ejemplo silencioso de cómo la luz puede habitar el espacio con inteligencia y sensibilidad.
Vivir frente al mar es un anhelo compartido por muchos, pero hacerlo con estilo, diseño y personalidad convierte ese sueño en una verdadera experiencia. En la Costa Caribe colombiana, tres apartamentos capturan la esencia del trópico con propuestas arquitectónicas que privilegian la luz natural, los materiales frescos y las vistas infinitas.
1. Una obra en Cartagena llena de arte
El trabajo dirigido por el diseñador colombiano Camilo Sighinolfi en este apartamento en Cartagena es un recordatorio del alto nivel de la artesanía y de la mano de obra nacional. Situado a gran altura y con una vista estratégica hacia la bahía de esta ciudad costera, este proyecto de 700 metros cuadrados tomó su tiempo —literalmente—. “Y fue récord lograr llevar a cada rincón hasta el más mínimo detalle en apenas once meses”, comenta Sighinolfi, quien recibió este apartamento completamente nuevo y equipado.
Crédito de la foto: Fernando Marroquín y Mónica Barreneche.
Dentro de la sutileza del trabajo artesanal y la materialidad, Camilo destaca la mano de obra de los mosaicos de mármol hechos in situ en la cocina y los baños; la panelería en poliuretano high gloss, con lacas italianas, y la carpintería —realizada por Lusso Diseño— en cerezo, con dilataciones en bronce.
Crédito de la foto: Fernando Marroquín y Mónica Barreneche.
No obstante, lo que más sobresale para este diseñador es el detalle logrado en la cocina. “Está vestida en su totalidad de madera alistonada con poliuretano blanco; además, las neveras y la cava de vinos son paneladas, en tanto que la campana, la escalera y los herrajes son hechos ciento por ciento en bronce. Finalmente, el salpicadero y los mesones son de mármol arabescato”.
Crédito de la foto: Fernando Marroquín y Mónica Barreneche.
El arquitecto tenía claro que esta era la oportunidad perfecta para hacer algo muy diferente de la tipología clásica de las viviendas cartageneras. Por tal razón, eligió una paleta neutral y cálida en los sofás, poltronas, sillas y mesas, de marcas como Giorgetti, Moroso, Arflex, Gubi, Meridiani, Knoll, Mobilfresno e Ivano Redaelli.
El concepto de remodelación de este apartamento —con treinta años de historia y ubicado en Barranquilla (Atlántico)— giró en torno a la identidad de sus propietarios. Si bien pretendían modernizar su vivienda, no querían renunciar a su personalidad, lo que resultó en mezclar aspectos clásicos y contemporáneos.
La obra no solo abarcó la redistribución de algunos espacios de acuerdo con el estilo de vida de sus habitantes, sino la renovación de las redes internas —especialmente del sistema de aire acondicionado—, así como el remplazo de la carpintería arquitectónica y de los revestimientos de paredes y pisos.
En esta obra, el comedor, la sala y el estudio se integran parcialmente. Esto significa que es posible independizarlos entre sí, según la actividad, por medio de puertas corredizas.
Así, por ejemplo, el estudio y la sala se dividen gracias a estos elementos —fabricados en madera natural, revestidos de poliuretano blanco y decorados con unas finas molduras—, y el comedor y la sala se separan a través de un mueble piso-techo sin fondo, que cumple la función de dividir ambos espacios, pero que permite que no se relacionen visualmente.
Memorias y sensaciones se entrelazan en el diseño de este penthouse, en Santa Marta, para crear una obra en las alturas, una vivienda suspendida en el aire, pensada para el goce de una familia que soñaba con un hogar íntimo y cálido.
Crédito de la foto: Simon Bosch.
Realizado por TARQ Studio en colaboración con la arquitecta Margarita Salazar, “este penthouse ofrece un refugio tranquilo frente al mar, donde el diseño y la naturaleza se encuentran en armonía”, explica Eduardo Torrente, fundador de la firma. Y es justo esto lo que se percibe desde el primer instante: una atmósfera donde cada espacio habla de serenidad, estética y pertenencia.
Crédito de la foto: Simon Bosch.
El 40 % del programa está destinado a zonas exteriores. Cuando se le pregunta a Torrente por el corazón del penthouse, no duda en responder: “La terraza”. Este espacio es el verdadero epicentro de la vida familiar, un sitio para compartir, descansar, celebrar, contemplar. Esa gran terraza domina la escena, no solo como espacio funcional, sino como centro emocional del hogar.
Crédito de la foto: Simon Bosch.
“Queríamos que esta área estuviera consolidada, y que, aparte de cumplir los usos de una zona exterior tan extensa —como piscina, jacuzzi y cocina—, evocara placer, sobre todo por el clima”.